Sobre matar moscas a cañonazos…

Si alguien nos pregunta para hacer un retoque fotográfico simple (es decir, ajustar la iluminación y quizás recortar un poco la foto) es casi seguro que enseguida contestemos “Abre la foto en Photoshop, te vas al menú…”.

¿Es necesario usar un producto de 700$ para ello? No, eso es obvio, pero seguro me dirán que Photoshop ofrece miles de opciones más… y eso no lo negaré, pero… ¿cuántas de esas opciones usamos realmente? Tengo amigos que se dedican casi profesionalmente a la fotografía y al retoque, además de los siempre simpáticos fotomontajes; y ninguno de ellos usa ni el 10% de las opciones, y ese 10% es casi el mismo entre todos: unos cuantos filtros, algunas opciones de ajuste de luz, un puñado de herramientas de recorte y edición y poco más.

Antes de continuar, quiero hacer incapié en el “casi profesionalmente”, en ese (gran) grupo de usuarios para los que Adobe no ha pensado su producto en primera instancia, pués pocos pagarían 700$ para esas pocas cosas… ¿o cuántos se comprarían un avión para fumigar las plantas del jardín?

Ahora, ¿por qué entonces usamos Photoshop? Creo que la respuesta puede hallarse en nombres como “emule”, “thepiratebay.org”, y otros parecidos (acá es cuando tengo que esconderme detrás de la mesa para evitar los zapatos volando hacia mí…)

El objetivo de este post no es una “anti-piratería” al estilo de la SGAE, sino una reflexión de los efectos que ha producido en nuestra manera de hacer las cosas.

Si trabajan en Mac OS X, quizá han leído o usado una aplicación llamada Pixelmator, cuyo eslogan está muy a la par de este mensaje: “Image editing for the rest of us”. Esta aplicación cuesta el 12% del precio de Photoshop, y hace casi todo lo que describí antes en ese 10%. ¿Por qué entonces tanta gente mata moscas a cañonazos en vez de usar algo más acorde a sus necesidades?

Uno de los problemas de la socidad actual es que hay un afán desenfrenado en tener lo máximo posible por el menor coste, ya que si alguien nos supera en eso somos unos gili… tontos. Y claro, si es posible tener la mejor herramienta de edición fotográfica del mercado de forma gratuita, entonces por qué pagar 60$ por algo que sólo hace una décima parte que el otro. Claro, también podríamos conseguir el otro gratuitamente, pero de nuevo: si ambos son gratis, ¿por qué voy a usar el peor?

Este símil “Photoshop” / “Pixelmator” puede ser extendido a software de edición de música, sistemas operativos, herramientas de procesado de texto, hojas de cálculo, conversores de vídeo, software de gestión, etc.

El mundo de la piratería no causa daños económicos graves a las grandes empresas; ellas no aspiran a vender sus grandes paquetes de software al usuario medio de la calle, eso es obvio al ver los precios de sus productos. Sus verdaderos clientes casi siempre pagan, precisamente por ser entidades no sólo de más recursos, sino además más propensas a penalizaciones legales en caso de tener software pirata. Además, ¿qué mejor para un producto como Photoshop que el saber ser utilizado por todos?, cuando esos usuarios estén en la empresa y requieran software de edición fotográfica, pedirán un Photoshop porque es lo que saben usar. Igualmente aplicable a muchos otros productos, comenzando por el Office de Microsoft. ¿Cuántos hogares requieren el uso de macros, combinación de correspondencia, etc.? Pero el hacerse un estándar, aún a costa de ser pirateado, tiene sus ventajas económicas también. Si Windows no fuera pirateable, de seguro su cuota de mercado sería bastante menor. De todo esto se ve claramente que los más afectados por la piratería no son las grandes empresas, por más grande que sean sus números “si esas versiones fueran legales…”, sino aquellas que se dedican a hacer software más específico (no por ello empresas pequeñas), más adaptado a un mercado y por ende su precio (y su margen de ganancia) es también proporcional.

Pero volvamos a nuestro tema original. No pretendo presentar argumentos irrebatibles para que la piratería de esos grandes paquetes se acabe; solamente pregunto y me pregunto, ¿cuál es la excusa para piratear? Usualmente NO es que el software no se venda en el país (aunque puede que existan excepciones, pero hoy en día casi todo el software se puede comprar por Internet), sino que el precio del producto es excesivo (lo mismo que ha pasado con la música y las películas). Luego queda la pregunta: ¿cuánto es un buen precio para mí? Eso es muy personal y depende de cada caso, pero estoy seguro que casi todos pagaríamos “hasta TANTOS euros” por esto, o “como máximo X doláres” por aquello otro. Pensar que todo tiene que ser gratis es infantil. Si hay gente que quiera dar gratuitamente su trabajo, me parece excelente y hasta promovible, pero que alguien cobre por su trabajo es tan justo como que nosotros hagamos lo mismo por las horas que estamos en la oficina, en el laboratorio, en el campo…

Por ello repito, ¿es que ya estamos tan acostumbrados a no pagar nada, que todo nos venga “gratis”, que vemos como exagerado, como un “robo a mano armada”, que nos cobren por el software?

Hay empresas que se afincan y cobran excesivamente por sus líneas de código, otras que cobran un precio justo por sus productos, aunque nos parezca excesivo para nuestro bolsillo (esos 700$ del Photoshop para una empresa de diseño son como calderilla). Pero luego hay otras, por ejemplo MyOwnApp, que ofrecen aplicaciones muy buenas por lo mismo que iríamos al cine (¡con palomitas y refresco, claro!). Muchas empresas así hacen aplicaciones que tienen como objetivo el usuario de la calle, que no puede costearse los grandes paquetes. Cuando vemos una determinada aplicación es lo que estamos buscando, si es una buena aplicación, bien hecha, que hace lo que dice y nos sirve para resolver nuestro problema, y el precio está acorde a nuestro bolsillo, no veo cuál es el problema de pagar por ella. Tampoco hay que dejarse llevar, pues un estudio debe ser hecho siempre. Muchas veces hay dos aplicaciones que hacen lo que uno quiere, una más económica que la otra, o incluso gratuita (no hago mucho énfasis en éstas en este post, pero hay muchas aplicaciones gratuitas que son excelentes y dan mil vueltas a equivalentes pagas). Otras veces depende de nosotros: hay casos en los que la aplicación A puede hacer todo lo que B hace, pero su interfaz es peor, está mal documentada, tiene tiempo sin actualizarse, mientras que B no, pero B es paga; acá ya depende de uno. Lo que no creo que sea correcto es simplemente decir “bueno, como la que quiero / necesito es B, pero no tengo para pagarla, la bajo pirateada”, eso bajo cualquier esquema está mal; yo quiero un Mustang año 97 y no tengo como pagarlo, no por ello lo voy a “descargar”. La única diferencia es que lo que por un lado fueron kilos de metal, en el otro fueron litros de café; porque horas hombre hay en ambos casos.

Veamos lo que ofrece el mercado, a qué se puede ajustar nuestro bolsillo; pongamos sobre la mesa las opciones, lo que necesitamos, lo que queremos que tenga, pongámosle precio a nuestros gustos (como decía hace unas semanas a un amigo “ponle precio a tu felicidad”), y en base a ello busquemos la aplicación que mejor se ajuste; pero no nos acostumbremos a matar moscas a cañonazos, simplemente porque es lo más fácil y porque “ya que me bajo una, me bajo la mejor”.