Los Jedi no existen, que no te engañen

Los Jedi no existen, que no te engañen es el mensaje que publicita un autobús que estos días va recorriendo las calles de varias ciudades, explicando a los ciudadanos que eso de los Jedi, la Fuerza, etc., es producto de la imaginación de un productor de cine, materializado en unas pocas películas, series y videojuegos, aunque con una capacidad de marketing impresionante.

¿Y por qué este despliegue informativo? Porque se está comenzando a imponer la obligación de enseñar a los niños, esas mentes frágiles y cual esponjas, que los Jedi son reales y que la Fuerza es una poderosa aliada. Porque, seguramente con el afán de proteger del odio a una minoría, se está obligando mediante leyes a que todos crean que los midiclorianos nos dan la vida y otra serie de ideas asociadas.

¿Hay algún problema con que alguien crea en la Fuerza? ¡Ninguno! ¿Son malos o hay que odiar a quienes lo creen y se visten de Jedi por las calles? ¡De ningún modo! Todo lo contrario, hay que respetar e incluso amar a todos (como nos enseñó Nuestro Señor Jesucristo), independientemente de sus ideas. Están en su derecho a creerlo, pero este derecho no está por encima del derecho de otros a no creerlo, y menos aún de que se imponga, pasando por encima del derecho de los padres a educar a sus hijos como mejor les parezca, imponiendo ese particular punto de vista cual dictadura mediante sanciones económicas o penales.

Esto ha llegado a tal punto de imposición que incluso hay ciudades que pueden quitar la patria potestad si, al menor movimiento de mano de su hijo de 3 años, los padres no lo llevan corriendo al centro de formación Jedi más cercano y lo consagran de por vida al duro entrenamiento que ahí se imparte, sin importar las consecuencias a largo plazo. Cualquier imposición de creencia o de opinión es, por definición, un atropello contra la libertad, incluso si esas creencias son las que uno comparte y vive.

La libertad de expresión consiste en poder decir lo que se piensa, sin ofender pero sin miedo a ser ofendido. Cuando uno se encoleriza y tacha de intolerante y radical, simplemente porque alguien piensa de forma diferente, es porque el intolerante y el radical es uno, no el otro.

En este mismo sentido, estar en contra de estas ideas no es ser Jedifóbico, ni es odiar a los seguidores de la Fuerza, son cosas muy distintas. Se puede discrepar sin que ello implique violencia, persecución u odio. Detalle que, por cierto, parece ser que a unos cuantos Jedi no les han enseñado en Coruscant, ya que atacan con todo su arsenal a cualquiera que discrepe de ellos, ¡incluso a un autobús!.

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